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Para qué venimos al mundo

Por: Tiferet Levy

La Kabbalah enseña que el alma viene al mundo para completar aquello que quedó incompleto en vidas pasadas.

Algunas almas pueden encarnar con una orientación sexual diferente como parte de su tikún, incluso si viven de forma totalmente comprometida con la Torá.

Esto no es un castigo, sino una oportunidad de transformación, entendimiento más elevado y expansión del amor.

Según el Zóhar, el alma es andrógina antes de encarnar (compuesta de masculino y femenino), y sólo al descender al mundo se separa en expresiones específicas.

Algunas almas sienten una atracción natural hacia su mismo sexo porque, espiritualmente, su energía interna está en otro equilibrio que trasciende las categorías terrenales de “hombre” o “mujer”.

Esto puede ser un reflejo de una raíz espiritual que no encaja con las normas externas del cuerpo físico.

Para la Kabbalah, la identidad más profunda del alma no siempre coincide con la forma física del cuerpo.

El deseo, incluso el deseo sexual, es la energía más poderosa que tenemos.

En el nivel más bajo puede llevar al caos, pero en su nivel más alto es el anhelo por la unificación con lo divino.

La orientación sexual no impide que una persona transforme su deseo en luz espiritual.

La clave está en cómo se canaliza ese deseo, con santidad, dignidad y conciencia.

En Kabbalah no todo impulso se debe “curar” o “eliminar”. A veces el trabajo del alma es vivir en integridad con quien uno es, servir desde ahí, y no desde una versión forzada.

Si una persona homosexual guarda Shabat, estudia Torá, actúa con justicia y bondad, su luz espiritual puede ser más elevada que la de alguien heterosexual que no trabaja sus cualidades del alma.

El hecho de que una persona no pueda “cambiar” su orientación a pesar de años de tefilá, mitzvot, introspección y tikún, no debe verse como un fracaso.

La Kabbalah diría que eso mismo es su campo de batalla y su terreno de elevación.

La aceptación compasiva de lo que el alma es, puede ser el tikún más profundo.

Conclusión cabalista:

El Creador no se equivoca. Si alguien nace con una orientación homosexual y aún así ama la Torá, busca la verdad, la luz y la justicia —esa persona está cumpliendo un tikún sagrado.

Nadie puede medir el alma del otro. Y como dice el Zóhar:

"No hay nada más elevado ante el Santo Bendito Sea que el corazón quebrado que busca elevarse.

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