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Resonancia espiritual de cada acto físico

Por: Tiferet Levy

Cada acto físico tiene una resonancia espiritual:

 

Cuando alguien se hiere a sí mismo, no solo hiere la nefesh (el alma más baja ligada al cuerpo), sino que puede oscurecer los canales de conexión con niveles más altos del alma: 

 

Ruaj (emociones, moralidad) y neshamá (sabiduría divina).

 

El flujo de luz espiritual puede interrumpirse o reducirse, generando más oscuridad, tristeza o desconexión.

 

La vida de cada persona es un camino de tikún, es decir, de corrección y elevación del alma. 

 

Cuando alguien se daña, se desvía de ese camino:

 

El tikún se ralentiza o se bloquea.

 

Puede atraer klipot (capas de oscuridad espiritual), que alimentan pensamientos destructivos y alejan la conciencia del Creador.

 


Desde una óptica mística, herirse es pronunciar juicio severo sobre uno mismo — como si uno tomara el papel de juez y castigador. 

Pero solo el Creador tiene el juicio perfecto y misericordioso.

En Kabbalah esto se asocia al atributo de Guevurá (severidad) mal canalizado.

Se necesita equilibrar con Jesed (misericordia):

Aprender a ver el valor y la dignidad de uno mismo como parte del todo divino.

En muchos textos místicos, se enseña que cuando alguien se hiere, su alma grita en los mundos superiores. 

Es una señal de que necesita ayuda, compasión, y guía espiritual.

Este “grito” puede llegar a los malajim (ángeles), quienes interceden.

A veces, es también una llamada del alma misma que está pidiendo un retorno a la luz.

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